Entrevistas, Procesos

¡Vamos a ver a papá! · La Habana en trazos

¡Vamos a ver a papá!

Entre las páginas ilustradas de ¡Vamos a ver a papá! la ilustradora Alba Marina Rivera dejó hermosas referencias e imágenes de los retazos de su propia vida. De ello nos cuenta:

«Cuando estaba trabajando en la imagen de la maleta, no podía dejar de pensar en mi propia maleta, la que me llevé cuando salí de Cuba. Había tantas cosas de las que no me quería desprender! Y lo más curioso es que la mayoría eran cosas muy poco prácticas. Así que me pareció imprescindible que la niña llevara consigo un mango, unas hojas de guayaba del patio y la vieja comba para saltar con sus nuevas amigas.»

«Los seres queridos se quedan fuera de la maleta, y es una pena. Deberían inventar maletas para abuelas con perros!!! Las baldosas del suelo de la casa eran muy difíciles de desprender, así que la niña no pudo llevarse ninguna, aunque le hubiera gustado.»

«Cuando desarrollaba los ambientes y lugares del libro, tomé a Cuba como una referencia muy directa, aunque bien podría parecer cualquier país latinoamericano. Algunas veces las imágenes son una suma de muchos lugares similares, y otras veces son un sitio muy concreto. Igual pasa con los personajes.»

De cómo una ilustración deriva en un libro

Si bien el libro es papel y tinta, con la realización de un vídeo quisimos rescatar la evolución de la primera ilustración de ¡Vamos a ver a papá!. El recorrido va desde los bocetos que hace Alba Marina Rivera, hasta la apariencia final de los mismos. Se parte de líneas monocromáticas; donde antes había redondeles y puntos esquemáticos, comienzan a aparecer figuras que precisan un tiempo y un espacio: las postales decorativas, el reloj que marca las nueve menos diez, los cabellos de la niña preparándose para enfrentar el día y el retrato de los padres a la espera de la llamada que está por llegar.